Hay más que ver…
Trabajos de Oliver Glave / Works from Oliver Glave2. Pleodrina (poemario / poetry book). Corza Frágil, 2003
PLEODRINA
©Oliver José Glave Raggio
A mis padres. Ésta es sólo una primera parte.Somos libres de elegir nuestros senderos,
pero tenemos que elegirlos, sin importarnos
adónde nos conduzcan, y los cuentos
que nosotros contemos del Pasado
deben ser verdaderos.
(W. H. Auden)
Mis ojos ven sólo lo que quiero ver
los animales que beso me adoran mientras el sol los vuelve ángelesy yo acaricio tanta diminuta criatura y me acerco a la enferma
es clara la vida cuando en ella te alzas
albor desnudo
hermosa al conocer el fin
I
Y siento amor por cada uno de tus cabellos durmiendo en mi garganta, nutriéndose en el sol de una ola delirante y besada dentro del corazón, buscando el anhelo hasta en los más cálidos recodos. Mi corazón está dentro de tu boca caliente, la que habla ahora frente a la horda enaltecida, lo digo porque eres mi hermano, la sangre que nunca tuve y aún deseo incendiada. Siento amor ya que conozco tus ojos primeros, los albores que jamás llegué a besar; en mis sueños me faltan los brazos y ansío tu crianza plena de sierpes e intensos ocasos. Sí, tu niñez desesperada euforia, y no tengo que culparte de nada aunque la angustia me amenace y vengan ellos con su ternura a enterrarme más. ¿Cuántas veces te habrán herido el rostro delante de tus hijos y humillado, avergonzado habrás huido dando cualquier excusa para hacer más llevadero el sueño, para que sigan creyendo en ti, dulce padre, lo importante es que nos quieras sin importar nada? Sangre mía en vertiginosa forma, le sonrío a la memoria de tus brazos, a la voz que tiernamente ardía en el horizonte mientras tus hijos otra vez fantaseaban tu nombre con orgullo.
¿Recuerdas cómo nos veíamos nacer?, ¿no te alzabas en el crepúsculo a cada golpe de ternura, tan solo ligeramente evocado?
Acaso espero que regreses.
II
Enfrenté mi melodía,
estuve contra mi sangre y mi voluntad
arrancándome un vacío
como si no hubiera gravedad en mí
pequeño espacio.
III
Frustraciones
que cortan
devoran día tras día.
Estoy observando los asentimientos, los que nacen, los que chocan reventando las cadenas.
No porque quiera me gustan sus caras torcidas y los deseos sesgados que dicen ¡arde!
Vean todos, estoy sentado aquí a la puerta de la sala, solo esperando a mi confianza,
me hace falta en este instante. No soy yo la persona, no soy yo, solo espero.
Quemo y camino -personalmente me adhiero a la comunicación-, estoy como el perro lascivo
que aguarda admirado al que puede más que uno… mi necesidad.
Mi piel cada vez más dura, bajo presión me voy a esconder un poco para que crean que no
me importan, mi dignidad con asentimiento se contrae, bajo presión es pena para mí mismo y
para otros, leve descanso.
Requiero del veneno para ser hombre, como del delirio para mi experiencia -nefario-.
Yo debería ser el dueño, la parte dominante, pero ves, ya ahora salen juntos y me hago
el desinteresado, camino y como manchas, puros hoyos en el aire, me acerco… la parte
dominante otra vez, me acerco por casualidad, ojos fríos me lamen y ya estoy dentro,
nada pasa, me siento tranquilo, ¿ves?, ¿ves lo que pasa?
no soy yo, no me creas
frustraciones
me cortan.
IV
… cuánto rumio por calmar esta cólera
el remolino del único estómago
la gruta por donde
plena mi orina ha de partir
ruborizada
hasta asediar
a cada uno de los nombres
y las sombras
que lo poseen todo.
V
Hubo un tiempo -creo- en el que emergíamos o por lo menos, retornábamos. Yo me sentaba a la mesa sintiendo una constante piedad, la pena característica; comía con un traje de pieles curtidas y una débil voluntad revelada en el sudor de las espaldas. Jamás fingí el deseo, cría previsora que aún deseaba apoyo, y por supuesto ustedes llegaban ya con el olor a grasa en todas partes, y la antigua casa se volvía una pequeña gota de saliva, y tú y él, luego un hermano, hiena y hermana, charla, parloteo, decepción, consideración de dos cariños; recuerdo cómo aquello simbolizaba nuestra fecunda tierra.
¿Acaso todo está en el pasado? Hasta el deseo que recorría mis vellos vuelve ahora convertido en vergüenza.
Retorno de los Ojos Jadeantes, mendigo y ladrón, barata madre libre en un día asolado con el albor indomable en las migajas. Todos en el refugio avanzan entre encuentro de miradas, hiel y madrigueras. Estoy ocultando el llanto de esa mujer, el velo turbio en el que se duerme. De nuevo estoy amando el cortejo involuntario de estas almas sosegadas.
VI
Voy a raspar la tierra
raspar mi cuerpo
rasgar los harapos,
tomar por asalto esta carne
nervios e imágenes mordiendo
vertiéndose en vitrovenes,
espejos de la pista
tres aretes… orejas inflamadas,
barba sangrando
admisión de la nostalgia.
Voy a devorar esta culpa,
los movimientos del suelo
rozan la lluvia
que se hunde en mis manos
y por absorberla
voy a raspar la tierra
raspar mi cuerpo
rasgar los harapos…
VII
¡Ah, mis cadáveres!
cada cual tan distinto
uno con pequeñas carnes
el otro con el estómago lleno
adorando la belleza
amargándose
cerrando los ojos
y quemando el rastro
para no regresar.
*————-*
Miembro celestede pura agonía estoy riendo aquí con la garganta
entre las manos…
tan llena de flama que asusta.
*————-*
Ahora me sonríes¿hacia cuál de nosotros diriges tus rayos? quiero verte llorar
con ese hermoso rostro cuarteado
y tu gesto tan sostenido sobre nuestras frentes
pareciera que ya entiendes… y luego tu sonrisa habiendo dejado todo el cuerpo atrás has sido hermosa virgen
¿por qué cedes a la ternura de los días? y yo te quiero dar ángel anciano tu cabellera de oro e hilos
tan ligera muerte
serena en la explosión de tu rostro
tu boca es la garra
el rubor, tus ojos flamantes
siempre queriendo salir
sin cuerpo
llorarían sí, sin cuerpo serían de ángel
de virgen hambrienta y me digo
¡Dios mío! de quién es este olor
mujer, semblantes de sol en la enramada
¿quién ha compartido su cuerpo conmigo?
¿quién me lo ha hecho olvidar?
VIII
Me percato del habitual escozor en las fisuras de mi columna, la carne hirviendo,
el orgánico, el vital polvo cancerígeno que une las miradas.
Siento nuestras pieles rozarse única, indefinidamente en esta coagulación notoria
del principio, las estimo inmensas, estiradas, cada una un capullo
una reserva de agua virgen.
Es difícil concebir que sólo ayer desconfiaba de tu respiración,
de aquellas historias del placer, de tus intrigas y bondades inciertas
y que ahora mi alma, agobiada, sin ánimos de renacer sólo desea ver tu rostro,
empequeñecerlo, apoyarse en tus justas lágrimas, ayudarte a dejar de ser una sombra
una presa que se anida en latidos exiliados.
¿Qué no sientes como lentas las paredes se acomodan
sonriendo en ángulo agudo hacia ti?
Curiosas alergias a la sangre y pena humana causas
curiosas alergias furtivas.
El sol ardiendo en nuestras espaldas, la plenitud de una vida, tus inflamados labios,
tus heridos cabellos, ¿interesa tanto conocer las causas, los engaños, el valor?
Hemos dejado ya de bordear llantos, hemos calmado el temor y las ansias.
No más recelo en tus ojos, el recuerdo de lo que fuimos
ha quebrado los pilares de este orgullo.
Entiende pronto que mis rabiosos tendones,
de nuevo ávidos por emerger, sólo quieren seguirte.
IX
Rumor en llama nívea que mana del cuerpo silente, jadeo, fulgor, vientre de lumbre interna. Bajo la desnudez parida hemos ansiado nuestros rostros, henchidos de surcos y de magras costras. ¡Ah, mi cruz!, sedienta sobre el pasto tu cabellera es un músculo infinito de ríos de sol, ramas de fuego tendido vertiendo celo al alba. Sal de estío, mar, quiero ser saciado por tus brazos, arrastrado por tu cuello de murmullo y cauce pero aún vivo entre cenizas, salvaje en ellas evocando tiempos de cría y de arduo seno. Soy yo quien se nutre anhelante, quien aguarda tras la maraña de hierbas tu luminosa mirada, ansia que hierve en la frente, luna sumida entre cadenas. Y es que dentro de uno de esos surcos existía un jardín que aún encuentro fértil, desborde en la gracia de labios, los ojos de tantos años floreciendo en la explanada, luz, ¿por qué no cantarle al animal libre que ya nos dejó atrás?
X
Qué mejor que estar apoyando la boca en tus brazos o en la brisa de tu pecho
morder tu cuello que suda danzando bajo el sol y olerte,
el aroma que nace en la resolana. Es tu líquido lo que bebo
sobre esta orilla de un aire que pesa tanto
donde ya somos parte de la arena y del abismo
XI
Mi voluntad divaga. Flujo de vellos que avanza sobre tu vientre y arrastra mi lábil sexo hacia el tuyo, pleno de hálitos. Con las gargantas al asedio te prolongas, entonces el silencio consume la tensión abrigada en músculos y caen gotas, como diminutas uñas en mi frente. Dentro y alrededor de tus senos están las venas aferradas, piernas incrustadas en tu cintura, mientras decaes aprovecho para gritar pero todo el dolor reunido en pulsos causa gracia y me avergüenzo de este hastío, brazos secos se cruzan, dos serpientes llenas de saliva acarician pómulos y te hundes tácita. La mirada leve, la esquiva rabia de ojos yace atenuada; mas nuestra culpa, aún febril, insiste sola en el ramaje de sentidos y ningún gesto logra libertad. Una presa vasta en cicatrices se suma al cauto, ileso brote.
Al despertar encuentro las llagas abiertas, casi vivas,
y veo un maduro tumor de costras anidando en mi pecho,
alcanzo a percibir voces, la turbia respiración
de una criatura vacilante en la almohada contigua,
el sudor en el aire delimita una espesa niebla de espuma, de cabellos
pequeño dormitorio, hedor encerrado
orines abriéndose paso por el suelo,
ni el silencio, ni la respiración quieren tocarme
observan igual que en noches anteriores
cómo la fe va quedando humillada.
Tus manos áridas dejan caer un fruto, inquietud en mi rostro,
de rodillas grito entregándote húmedos temblores.
Quisiera olvidar pero la huella se mantiene firme,
reedifica con pocos utensilios
el ya acabado pero virtuoso cuerpo.
XII. Tenacidad de los bordes
VALORACIÓN DEL ANHELO
Madura tu cuerpo a veces.
Basta apenas tocarlo y todo él se contrae,
puro nervio.
Las raíces se quiebran, sudan
florecen tus senos y la sombra que dejan caer
va cubriendo mis ojos hasta dejarme ciego,
enredando tus venas
sintiendo como das a luz espasmos
que aún siendo ligeros
entorpecen una sonrisa.
Asidua talla, incesante figura llena de calor,
irritas hasta la última de mis arterias
cada vez que te miro.
Ya eres el recipiente moldeable,
listo a dejar caer un fruto
en el que querías esconderte.
Sé que te supero en volumen,
en lesiones y aliento
pero aún así no puedo contener tu pulso,
ninguna criatura podría hacerlo sin perder un brazo
colmado de ímpetu.
Y es que esa posición marcada,
esos dientes ceñidos hacen que todo se vuelva
enfermedad y ocaso
a cada palabra amable.
Nosotros lloramos porque no tenemos nada, ni gritos, ni devoción que ofrecerte. Nuestras vidas desaparecen con el celo, mitigadas por la gracia agreste que se origina en tus bordes. Notarías un ligero roce si llegara a palpar tu estómago, y aunque ahora quiero culminar el ruego, solo veo mi burdo trazo desbocado en ti.
Es el tiempo de decidir. Tu cuerpo madura y lo estoy alejando, se marchita y lo vemos perderse. No tenemos nada. Nuestros cautivos labios despiertan siendo orígenes, agotados duermen esperando reunirse otra vez. Esta preciosa jauría agobiada se divulga, se expande en el aire hacia tu cariño. Juntos estamos sellando ciegos hábitos, en vez de ellos invocamos el rumbo labrado en otra tierra.
Eres el inicio de la anhelada forma y mientras sigas confiando en el tono de nuestra voz, será la carne sostén y lecho de toda cría.
CONTEMPLACIÓN DEL VÍNCULO
Los conozco. La soledad les brota por los poros, sin asco. Un sudor frío, grasa y cuerpo en la mirada. Se mantienen erguidos a la tenue luz del albergue esperando que algo cambie el arduo tiempo. Se mantienen callados, incapaces de decir lo que sienten o amados pero siempre de otra manera. Sus ojos ruegan piedad al escuchar el murmullo del grupo o el grito de un abrazo, y se ocultan secos, humillados, y si les tocan la mejilla expresan total entrega, total acatamiento, llenos de nausea y emoción. Sus corazones se hinchan como vejigas inflamadas y sueltan besos, euforia, revienta el cariño en un río de orines, los he visto además lamer narices con el alma colmada al no ser rechazados. Escriben sobre soledad y decepción y sus piernas se tuercen sin importar la gruesa piel que las cubre; fuman con nosotros y sus palabras son mal entendidas, desechadas, llegan a hastiar y las personas escapan silenciosamente y con el rostro escondido esperando no volverse a cruzar con ellos. Arrastran una inútil cola y esperan una sonrisa amigable antes de partir, pues presienten el frío de la calle y los pensamientos fulminan al caminar si no se guarda un recuerdo grato, golpean peor aún si no se está acompañado al ver vitrinas, vidas y gestos amables. Sólo una sonrisa basta para hacerlos soñar con hijos, nietos y abuelos que habrían estado orgullosos, pero todos cerramos las puertas y los obligamos a dormir para que no sigan cayendo, y si no les negamos la piel entonces ganan confianza y nos miran sin miedo, con expresión de vaca bruta, y piensan en nosotros y nos desean, siempre repitiendo que la miseria humana no puede llegar a niveles más patéticos.
¡Cómo esperas una boca observando a través de esa agotada ventana! Los autos en la pista brillan como gotas y te das cuenta de que no eres quizás la única criatura que llora tanto y que la ciudad es también un rostro hinchado y carne congestionada, un cadáver mediocre con insectos en la piel que a diferencia de ellos puede comprender el vacío, pero la duda otra vez corrompe los músculos y las muecas empiezan a nacer simulando flores, razón suficiente para acabar con toda fe antes de que las personas descubran que no deben ni siquiera rozarte.
INDAGACIÓN DEL ORIGEN
De su hermoso cuerpo ahora solo nos quedan aisladas cicatrices. Los tenues ojos, los corazones entregados están deshechos sobre las veredas. Ni siquiera un leve reflejo en sus párpados nos agita, ni siquiera el calor brotando de los labios.
Y avanzas plena agonía en el vientre, en el trazo del rostro con todo el ardor de las almas, pequeñas esencias que quisieron entregar anhelos aunque el temor embistiera sus frentes. Cada una de ellas se mantuvo en tus recuerdos, en tu voz a través de todos estos años. Llevaron consigo la pérdida que sufrieron cuando les herían el rostro al mostrar alegría. Y no entiendo cómo pudieron ser padres de padres, ni siquiera lograron darle forma a tu vaho y deseo. Ninguno se atrevió a dejar el hogar, ninguno tuvo el valor de quebrar cabezas para poder encontrar el amor y sin embargo se nutrieron ávidos en tu gracia.
Demasiado olvido aferrado a tan escasos hombros.
*————-*
Debemos agradecer por estar aquí vivos y tener lo poco que nos queda. He visto flores creciendo en las bocas de los hombres, auges que de nada les servían. He visto, por decirlo así, animales de luz y fuego en el pecho, moradores que se arrancaban la cara desesperados. Yo avancé junto a todos ellos en un temblor sonoro, en la cadencia de sus manos, cada tecla un león de hueso devorado en su árbol de uñas. Tantas veces olvidados, huyeron sin ser vistos en esta tierra. Debemos estar agradecidos por las ansias de brotar de la miseria que nos inunda consumada. Por no perdernos todavía en el engaño.Nuestros nombres podrían significar aún menos.
XIII
Para V. ChiappoEl rumor de tu ida no me permite adentrarme más en ti, Necchia. Bebo con el sabor amargo de tus muslos en mi boca, te toco con la certeza de que ya no estás allí al mirarme y que todo el ímpetu, el vientre de nubes vacío ha partido desbocado, arrastrando la materia viva y palpitante por tu garganta, buscando el horizonte claro, sin duda el corazón. Y te irás aún lejos hacia remotas colinas bajo el mar, mientras nosotros rezamos escondidos en las piernas de nadie. Cualquier destello, cualquier luz intermitente desgasta ahora mis ojos anticipando tu partida. Necchia, nuestra humillación no tuvo inicio, aún así te juzgamos alta en el esplendor de sombras pues somos lo ultrajado, la pérdida, pero qué importa eso si ya tengo un recuerdo de ti con tu mano tan sincera en mi pecho, más aún, si estoy tranquilo al saber que el arrebato de esta gloria te permite sonreír. Mujer turbia, ¿acaso es todo en tu rostro una sonrisa, casi el silencio?
XIV
Una mujer se enardece con todas las flores que hienden el alma.
En el horizonte madura llameando gotas de viento acre, la turbia frente de su cría
yace entre las piernas inflamada, vestigios de la última pugna, delirio.
El escándalo de los muertos.
Madre cuna de la lluvia en agonía, la rosa cede,
jadea el niño sin cuerpo sobre el regazo
y acude a mí alzada en gritos
vencida tragándose el rubor y las manos
mustia piel que araña el aire
¿qué puedo ya entregarte flor con mis ángeles desnudos
en la alborada, tan intensa quietud, olvido
si solo el dolor no es más que fuerza en tus brazos, si en esta tierra
la enfermedad se pierde en la memoria?
Todo lo que veo me hace querer vivir más
erguido ante la miseria de este sol
en el cielo desbocado ella alumbra nuestra breve materia,
el cálido espacio de la sed en reposo
confío en el aroma incesante de tus rasgos virgen clara,
humillados los ojos que se nutren de ardor
¿hasta cuándo el incendiario descanso?
¿hasta cuándo cría sumergida?
XV
Ayer estuvimos recorriendo carreteras, plexos y mares ebrios, climas húmedos. Ni siquiera un resplandor lejano dejaba sentir el calor. Un viento quemaba ligeramente mis pómulos, era de mañana y en mis manos los automóviles tenían sus faros prendidos. Juraría que los padres dentro dudaban de mis ojos y reían con sus hijos deambulando sobre el cuerpo ajeno, pero en estas tierras todo se enlaza de distinta forma; los temblores dejan pliegues en los rostros, dentro las vidas tienen propósito y se cultivan manos agradecidas, jadeantes. No existe agitación en las voces aún cuando las nubes adquieren densa forma de pulmones y se hinchan para tragarlos o para lloverles como tumor. Y todos piensan que es el pulmón de Dios respirando sobre ellos, y la esperanza crece e irritados se aman al olvidar nuestro avance. Sin embargo notamos cómo a veces alguien se traga la culpa, despreciando el grito, y el terreno adquiere los matices de nuestro albergue. ¿Existían nubes? No hacíamos caso, el horizonte secaba los labios y aumentaban las ganas de llegar. Seguíamos avanzando y el cielo caía… hervía la esencia de nuestros órganos.
Más adelante, aún no divisábamos el final.
XVI
A Gisella Ramirez¿Cómo reposé contigo yaciendo a mi lado, flor?
¿Cómo abracé esta quietud mientras el salvaje se acercaba a tu lado tierno,
rocío sediento de miradas?
Me volví la más pura criatura adorándote luz, ávido y lleno de piedad en tus ojos. Y todas las flores de mi piel en hambruna se sumaron a la alta sonrisa de tu cuerpo.
Necchia, no puedo culparte por desear una lejanía vasta en posibilidades. Ya harta de amanecer en este laberinto huías fértil por mis venas. ¡Ay, impasible sierva en desnudez!, te dejé ir plácida y descampada con todos los pechos abiertos y minas donde el sol no abarcaba el goce. Y aún así regresas sin edades, erguida como una montaña sobre mi vientre. Necchia, no te imagino cercada por animales árdulos de piel en la distancia. Familias enteras, generaciones formando arena en el paladar. Y nosotros aquí nacidos del miedo todavía esperando tu voz. Necchia, estoy arrastrando tus labios, llamas únicas que avanzan. Espero que no sean la causa de que me miren después hastiados, buscando cualquier descuido para así olvidarte virgen.
Tus ojos se incendian sobre mi cuerpo cada vez que los abres.
*————-*
Antes de irme ya sé lo que vendrá, y cómo extrañaré esta pasividad, este crepúsculo,esta humedad en el horizonte sediento de mar que viene a besarme todo el cuerpo espero demasiado de estas palabras

